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Impactos ambientales de los sistemas de riego

Los sistemas de riego y drenaje manejan las fuentes de agua a fin de promover la producción agrícola. Los impactos dependen del tipo de riego, de la fuente del agua (superficial o subterránea), de su forma de almacenamiento, de los sistemas de transporte y distribución, y de los métodos de entrega o aplicación en el campo.

 

Desde hace mucho tiempo, se ha utilizado el agua superficial (principalmente de los ríos) para el riego, y en algunos países, desde hace miles de años; todavía constituye una de las principales inversiones del sector público. Los proyectos de riego en gran escala que utilizan el agua subterránea, conforman un fenómeno reciente, a partir de los últimos treinta años. Se encuentran principalmente ubicados en las grandes cuencas aluviales de Pakistán, India y China, donde se destacan pozos entubados para aprovechar el agua freática, conjuntamente, con los sistemas de riego que emplean el agua superficial.

Los potenciales impactos ambientales negativos de la mayoría de los grandes proyectos de riego incluyen la saturación y salinización de los suelos; la mayor incidencia de las enfermedades transmitidas o relacionadas con el agua; el reasentamiento o cambios en los estilos de vida de las poblaciones locales; el aumento en la cantidad de plagas y enfermedades agrícolas, debido a la eliminación de la mortandad que ocurre durante la temporada seca; y la creación de un microclima más húmedo.

La expansión e intensificación de la agricultura que facilita el riego, puede causar mayor erosión; contaminar el agua superficial y subterránea con los biocidas agrícolas; reducir la calidad del agua; y aumentar los niveles de alimentos en el agua de riego y drenaje, produciendo el florecimiento de las algas, la proliferación de las malezas acuáticas y la eutrofización de los canales de riego y vías acuáticas, aguas abajo. Así se requieren mayores cantidades de productos químicos agrícolas para controlar el creciente número de plagas y enfermedades de los cultivos.

Los grandes proyectos de riego que represan y desvían las aguas de los ríos, tienen el potencial de causar importantes trastornos ambientales como resultado de los cambios en la hidrología y limnología de las cuencas de los ríos.

Al reducir el caudal del río, se cambia el uso de la tierra y la ecología de la zona aluvial; se transforma la pesca en el río y en el estero; y se permite la invasión del agua salada al río y al líquido subterráneo de las tierras aledañas. El desvío y pérdida de agua debido al riego reduce el caudal que llega a los usuarios, aguas abajo, incluyendo las municipalidades, las industrias y los agricultores.

LA CALIDAD DEL AGUA.

La reducción del flujo básico del rio disminuye también la dilución de las aguas servidas municipales e industriales que se introducen, aguas abajo, causando contaminación y peligros para la salud. El deterioro en la calidad del agua, debido a un deficiente diseño y proyecto de riego, puede volverla inservible para otros usuarios, perjudicar las especies acuáticas, y debido a su alto contenido de alimentos, provocar el crecimiento de malezas acuáticas que obstruirán las vías fluviales, con consecuencias ambientales para la salud y la navegación.

Los potenciales impactos ambientales negativos directos del uso del agua freática para riego surgen del uso excesivo de dichas fuentes (retirando cantidades mayores que la tasa de recuperación) Ello baja el nivel del agua freática, causa hundimiento de la tierra, disminuye la calidad del líquido y permite la intrusión del agua salada (en las áreas costaneras).

Existen algunos factores ambientales externos que influyen fundamentalmente en los proyectos de riego. El uso de la tierra, aguas arriba, afectará la calidad del líquido que ingresa al área de riego, especialmente su contenido de sedimento (erosión causada por la agricultura) y composición química, (contaminantes agrícolas e industriales). AL utilizar el agua que deposita el sedimento en los terrenos, durante el tiempo, o simplemente, al utilizar el agua que trae un alto contenido de sedimento, se puede alzar el nivel de la tierra a tal punto que se impida el riego.

Los obvios impactos positivos del riego provienen de la mayor producción de alimentos. Además, la concentración e intensificación de la producción en un área más pequeña puede proteger los bosques y tierras silvestres, para que no se conviertan en terrenos agrícolas. Si existe una cobertura vegetal importante durante la mayor parte del año, o si se prepara la tierra (por ejemplo, nivelarla), se reduce la erosión de los suelos. Se pueden contabilizar muchos beneficios para la salud, debido a la mejor higiene y la reducción en la incidencia de ciertas enfermedades. Los proyectos de riego pueden moderar las inundaciones, aguas abajo.

LAS ESTRATEGIAS DEL RIEGO

Las estrategias del riego se pueden entender como criterios para decidir el momento de efectuar un riego y la cantidad de agua a aplicar.

1-Un criterio general es el de disponer las necesidades brutas de riego (NB) , cuando el denominado déficit de agua en el suelo (DAS), sea igual al nivel de agotamiento permisible (NAP), teniendo en cuenta estrictamente el balance de agua (agua que se aporta al sistema suelo-planta menos agua que se extrae del sistema). Esta es la estrategia más recomendable, ya que así se evitan problemas de extracción de agua, y por lo tanto, no habrá repercusiones en la producción final.

2-Si el valor comercial del cultivo es muy alto, nos aseguraremos que las raíces de las plantas no muestren problemas en extraer el agua en ningún momento. Para ello aplicamos las necesidades brutas de riego antes de que el DAS alcance el NAP. Así, aumentamos el número de riegos, y dependiendo del método de riego empleado, su costo.

3-En ocasiones es conveniente aplicar una cantidad de agua fija con los riegos, de manera que se aproveche al máximo el sistema. Los sistemas de riego automatizados por aspersión (por ejemplo el pivotante, mas conocido como “pivot”), constituye un claro ejemplo de aplicación de una cantidad fija, que depende de la velocidad a la que se desplace la máquina. En estos casos, el momento de realizar el riego es aquel en el que el déficit de agua en suelo iguala a las necesidades netas, pero teniendo en cuenta que se aplicarán las necesidades netas.

4-En numerosos sistemas de riego (fundamentalmente en riego por superficie), existen restricciones para elegir el momento del riego, ya que permanecen organizados por turnos en los que cada agricultor riega cuando le está permitido. En este caso, puede ser que el déficit de agua en el suelo supere al nivel de agotamiento permisible. Lo más usual es que agricultor procure aplicar el agua correspondiente a las necesidades brutas, es decir, cargar el suelo de agua en previsión de que el turno se pueda retrasar o demorar.

En las estrategias anteriores aplicamos necesidades brutas. Disponer cantidades mayores supone incrementar las pérdidas por filtración profunda o drenaje, mientras que aplicaciones inferiores disminuirían la evaporatranspiración que incidiría negativamente en la producción. En función de la mayor o menor proporción de agua en los poros del suelo, y su disponibilidad para la planta, se definen cuatro niveles de humedad:

Límite superior (SL) es un nivel de humedad que se consigue dejando drenar el agua del suelo saturado. Este contenido de líquido es la mayor cantidad de agua que el suelo puede llegar a almacenar sin drenar. También se lo conoce como Capacidad de Campo . Límite inferior (LI) si el suelo no recibe un nuevo aporte, la evaporación de agua desde el suelo, y la extracción por parte de las raíces, hacen que el agua almacenada disminuya hasta llegar a este nivel en el que las raíces no pueden extraer más cantidad. Aunque el suelo aún contiene cierta cantidad de agua, las plantas no pueden utilizarla. Se conoce también como punto de marchitez o punto de marchitamiento permanente.

Suelo Seco: situación en que los poros del suelo están totalmente llenos de aire. Así pues, las plantas pueden extraer el agua del suelo desde el límite superior hasta el límite inferior, que es lo que se conoce como intervalo de humedad disponible (IHD), también conocido como agua útil (AU). En la práctica, la mayor cantidad que el suelo puede almacenar y poner a disposición de las plantas es en torno al 70% de la cantidad de agua representada por el IHD.

PROGRAMANDO LOS RIEGOS

Para poder programar los riegos en forma eficaz, resulta necesario conocer el nivel de humedad o cantidad de agua que contiene el suelo y los valores tanto de límite superior como inferior.

La experiencia nos dice que en las zonas secas, el agua limita con frecuencia los rendimientos, y que siempre que no haya alguna acción negativa de otros factores de la producción vegetal, a medida que aumenta el régimen de humedad lo hacen también los rendimientos.

El incremento de rendimientos suele ser más acusado en máximos rendimientos cuando se mantiene el suelo en un régimen de humedad constante por encima del 80% del agua utilizable. Si se supera la capacidad de campo, se producen descensos importantes de los rendimientos, lo que justifica la necesidad de drenaje.

Existen tres índices para determinar la manera en que el riego ha sido realizado de forma correcta, tanto para el aprovechamiento de agua por parte del cultivo, como de ahorro de agua.

Eficiencia de aplicación (EA), coeficiente de déficit (CD) y coeficiente de uniformidad del riego (CU). Eficiencia de aplicación (EA) es la relación entre el agua que realmente queda almacenada en la zona de raíces del cultivo (y por lo tanto puede ser aprovechada por ellas), y el agua total aplicada con el riego.

Coeficiente de Déficit (CD) indica la relación entre el agua que ha faltado para llenar por completo la zona de actividad de las raíces (no aportada), y la cantidad total de agua que hubiera sido necesaria para llenarla totalmente (necesaria). Refleja el porcentaje de volumen del suelo que debería recibir agua y no lo hace.

Coeficiente de Uniformidad (CU) Indica la uniformidad en la distribución del agua aplicada con el riego en el suelo. Si la uniformidad es baja, existirá mayor riesgo de déficit de agua en algunas zonas y de filtración profunda en otras.

El sistema formado por el suelo y el cultivo presenta aportes y salidas de agua. Sin tener en cuenta el riego, estas cantidades no son iguales, por lo que el contenido de humedad del suelo irá cambiando, quedando de manifiesto el papel del terreno como almacén de agua.

Las entradas de agua pueden ser debidas a la lluvia o al riego. Por su parte, las salidas de agua se deberán a la evapotranspiración (ETP), la escorrentía -S- y la filtración profunda (fp). Se considera un sistema de riego bien diseñado a aquel cuya escorrentía y filtración profunda equivale a cero.

De esta forma, la cantidad de agua que necesita el cultivo y se ha de aportar con el riego o “Necesidades Netas de Riego (NNR)”, y el agua que el conjunto suelo-planta pierde (la evapotranspiración), y el agua que se aporta de forma natural (la lluvia).

Esta cantidad de líquido, expresada en altura de lámina de agua por metro cuadrado de superficie de suelo, se denomina lámina de agua requerida.

Fuente: Revista Sepa Cómo Instalar / Conexión Riego “

 

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